"La furia y el ayuno"
Después de la declaración de guerra entre los Ewing me esperaba más acción, o por lo menos algo porque el capítulo no ha tenido mucha comparándolo con otros.
Los peor para Ewing Energies ha llegado, John Ross se ha hecho con la empresa y eso es algo que tanto Christopher como Bobby no van a permitir. Bobby tiene la patente de la reserva petrolífera junto con su hermano Gary y juntos le cierran el grifo a John Ross para que él y Sue Ellen le devuelvan las acciones a Elena, pero es algo por lo que el hijo de J.R. no está dispuesto a pasar.

Los Ryland tampoco pasan por su mejor momento. Emma comienza ha acercarse poco a poco a su madre. Ann la espera en el establo con un caballo y la joven se salta las clases y se van a dar una vuelta, algo que no sienta nada bien a Judith y Harris. Padre y abuela pronto le encuentran un curso en Londres y preparan a toda prisa el traslado para la mañana siguiente, incluso comienzan a drogarla pero Emma les miente haciéndoles creer que se toma la pastilla. Por fin ha abierto los ojos y ve con claridad todo el mal que le hicieron a su madre, por lo que decide fugarse y se va a la casa de su madre.
Es entonces cuando vemos un gran enfrentamiento entre hijo y madre por primera vez. Parecía un hijo sumiso y ha demostrado totalmente lo contrario en un momento al empujar a su madre contra la pared cansado de oír como se mete con Ann. Parece que Harris sigue sintiendo algo por la madre de su hija.
Los hermanos Ramos también tienen sus propios planes, o mejor dicho Drew. Está convencido de que en los terrenos de su padre hay petróleo y tras mucho disculparse con Elena cede y juntos explotan las tierras y parece encontrar oro negro. ¿Le ha salido la competencia a los Ewing?
Por último tenemos al gran J.R.. El mayor de los Ewing se encuentra en Abu Dhabi por algún trabajo misterioso y acaba llamando a su hijo para despedirse y recibe un disparo. ¿Quién ha disparado a J.R.?
La semana que viene asistiremos al funeral de una leyenda de la televisión, J.R. donde parece que ni en su propio entierro habrá paz.
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